Mucha gente cree que soy un fanático de Mann que lo defenderá hasta la muerte. Y no es así. No me gusta todo lo que hace porque lo admire... sino que lo admiro porque me gusta todo lo que hace. Para los que le conozcáis poco, os voy a contar un par de cosas que probablemente no sepáis sobre él y que me causan fascinación por este director.
En una ocasión, a alguien se le ocurrió hacer una serie de policías... con varias novedades que jamás se habían visto en la televisión. Canciones hit del momento para la banda sonora, escenarios, colores e iluminación que cambiaban con los estados de ánimo de los personajes, encuadres perfectos y creativos... Pero lo más impactante y novedoso era que hasta ese momento, la narración en TV siempre se había desarrollado mediante el diálogo o la acción trepidante. Sin embargo, en el primer capítulo de esa nueva serie, que se llamó "Miami Vice", pasó algo que impactó a los telespectadores de todo el mundo. En un momento dado, los agentes Crockett y Tubbs deben acudir a una cita que puede ser mortal. Y no acuden como héroes. Durante el camino, sus mentes piensan en lo que puede pasar. La familia. Los amigos. Su vida que puede acabar en solo unos minutos. Y resulta que todo eso, lo vemos mirando su viaje en coche mientras suena "In the air tonight" de Phil Collins. Nadie dice una sola palabra.
Resulta que nadie en televisión había dejado nunca unos cuantos minutos sin diálogo. Y sin embargo, la historia de los personajes avanzaba y la entendías sin problemas.
Esa escena cambió la historia de la televisión. Hoy día todos los directores usan ese estilo en algún momento u otro: desde Matrix hasta Camino. La realidad es que se lo debemos a Michael Mann, no porque lo inventara (estas cosas suelen ser invento de varias personas), sino porque fue el primero que tuvo el valor de usarlo y nos demostró que se podía hacer.
Durante la serie, hubo varias cosas que marcaron época. Por ejemplo, hasta ese momento los malos eran malos y los buenos, buenos. Sin embargo, hasta el Teniente Castillo, tenía su pasado oscuro, los agentes no siempre reaccionaban bien... y lo curioso: había gente supuestamente mala que te caía bien y hasta los comprendías. Y pensabas "un momento... si éste es un traficante... ¿por que no me parece malo?" Ah... la magia de Mann. Nunca un personaje es malo. Son personajes complejos que hacen su vida. Nadie dice "de mayor seré traficante", que ocurra es algo que la gente se encuentra y a veces no se puede evitar... y Mann no tuvo problemas en mostrarnos que tras los malos malísimos también hay seres humanos que creen estar haciendo lo correcto aunque no encajen con nuestra percepción de "correcto". Un ejemplo es el personaje de Evan, infiltrado de la DEA reconvertido en traficante, o el piloto furtivo Jimmy (interpretado por el cantante Glenn Frey) que parece ser feliz siendo lo que es, pero ayuda a los policías por sus remordimientos de conciencia, pero sin poder dejar de hacer lo que hace.
Por otra parte, es curioso, pero todos recordamos HEAT como una gran película, sobre todo por el realismo extremo de los tiroteos y la realista complejidad de los personajes, que se convirtió en marca de la casa. Heat se estrenó en 1995. La crítica, en esta ocasión, alabó la complejidad de los personajes por encima de la espectacularidad de la acción. Pues resulta que en 1989, Mann dirigió una TV movie llamada L.A. Takedown, que era frase por frase el guión de HEAT, pero rodado con medios escasos y suprimiendo mucha acción. Esa TV movie pasó sin pena ni gloria porque en 1989 casi no existían los personajes complejos. Los malos eran malos porque eran malos. Los buenos eran buenos porque eran buenos. Sin embargo, en LA Takedown no sabes quien es quien. El malo te cae simpático. El bueno es un cabrón.
Muchos dirán que el primer thriller psicológico es "vestida para matar" de Brian de Palma en 1980... pero esa película se centra en lo que hace el asesino, es más bien un thriller clásico con motivos psicológicos. En realidad, en un thiller psicológico, lo que hace el asesino o a quien persegue, es menos importante que lo que pasa por su mente, que es el verdadero eje de la película. Por eso para muchos, el primer thriller psicológico fue "El silencio de los corderos" de 1991. Pues resulta que la historia de Hannibal Lecter no era la primera vez que llegaba a la pantalla. En 1986, Mann dirigió "Manhunter", que era la historia de Lecter y el primer thriller psicológico, cinco años antes del primer "supuesto" psicothriller. La película, excepcional y brillante sobre todo por sus escenas oníricas, pasó sin pena ni gloria porque se adelantó cinco años a su tiempo. Otro ejemplo del genio incomprendido y criticado, sin embargo... ¿que personaje de cualquier película actual no tiene una motivación psicológica palpable? El Batman de Nolan bebe directamente de lo que Mann inaguró hace 23 años.
En 1992 estaba de moda lo étnico. Era moda leer artículos sobre los sioux o los documentales de costumbres y religiones remotas. Estaba de moda ensalzar los valores y costumbres de etnias desaparecidas o minoritarias. El cine y la tv reflejaron todo eso, incluso hasta en la ciencia ficción: Star trek Deep space 9 trata entre otras cosas sobre el choque cultural entre la civilización avanzada de la tierra y Bajor, una sociedad avanzada pero aferrada a sus valores religiosos y étnicos. En medio de este panorama, Mann estrena "El último mohicano", en el cual vemos a varias tribus indias saltarse a la torera sus supuestamente inquebrantables valores para conseguir un objetivo, exactamente como hace nuestra civilización. La crítica lo puso a parir. Sin embargo, Mann, fiel a sus costumbres, no hizo más que mostrar lo que no queremos ver: que malos y buenos actúan por puro egoismo. La diferencia entre bueno y malo es cuando ese egoismo nos sirve a nosotros o cuando no. Medimos la bondad y la maldad por nuestra propia conveniencia. Y eso, en los 90, con el auge de los valores étnicos, no fue bien visto.
Año 1999, todo cineasta gafapasta que se precie echa pestes sobre rodar directamente en digital. Todos dicen que nada como la película tradicional, que el soporte magnético es una mierda y que le falta calidad y resolución. Y ese año comienza la preproducción de Alí. La película empieza con una escena de Classuis Clay entrenando y corriendo por la noche. Pero... un momento. Eso no es normal. Es de noche. Veo la luz de las farolas perfectamente, el cielo rojizo, los tonos cálidos de las ventanas... eso no lo habíamos visto nunca. ¿que ocurre? Mann rodó esas escenas con una cámara digital. De hecho, en ese momento no existían cámaras digitales en formato panorámico, así que Mann y su equipo combinaron dos cámaras en tandem para luego procesar las dos imágenes en una sola, logrando así la primera imagen de cine digital con resolución completa. También emplearon esta cámara para los combates de boxeo... el realismo fue extremo (además los actores lucharon de verdad, no solo no hubo golpes simulados sino que Mann se llevó algunos). El caso es que Mann demostró una vez más que pensar e inventar es mucho mejor que sentarse y teorizar.
En 2004, cuando muchos directores aún discutían sobre el digital, diciendo que vale, que tiene calidad pero no da grano y no tiene aspecto de cine, llegó Collateral. Con exteriores rodados con una Thomson Viper de Alta Definición los primeros días y luego con una FW900. (interiores y hi-speed en 35mm). El acabado no solo fue de cine, sino atípico e increíble, hiper real. Tomas nocturnas que captaban el ambiente de L.A. de una manera imposible de hacer con película tradicional. Miami vice la película, fue estéticamente y técnicamente muy parecida.
Y podría seguir con cientos de detalles narrativos y técnicos. No es que Mann inventara todos, pero sí es el primero que experimentó con muchos de ellos cuando los demás solamente teorizaban.
La realidad es que Mann seguirá siempre siendo criticado: hace lo que muchos no se atreven y le funciona. Y no tiene ningún inconveniente en cambiar y actualizarse. No se aferra a lo conocido. Se arriesga.
Esperemos que Mann nos siga deleitando con esos orgasmos visuales que son sus obras.
NOTA: Gracias, Pol, por las correcciones sobre las cámaras en Collateral y Miami Vice.
