miércoles 12 de marzo de 2008

Caminos y encrucijadas

Estamos convencidos de que la vida es un camino que seguimos, hasta que encontramos una encrucijada. Una bifurcación que nos obliga a elegir.
Imaginemos que la vida no marca ningún camino, más que el que nosotros decidamos seguir. Imaginemos una travesía desde un punto a otro de un mapa, campo a través. Podemos ir rectos, podemos ir esquivando algunos obstáculos difíciles, o podemos atravesar esos obstáculos con esfuerzo. Claro, a nosotros nos parece que la vida nos marca un camino, simplemente porque estamos yendo directamente a un lugar concreto o en una dirección determinada. Puede que realmente queramos ir allí, puede que no nos guste pero creamos que no queda más remedio, pero avanzamos en una dirección, cosa que nos hace pensar que realmente existe un camino. Pero es un camino imaginario que nosotros seguimos, a veces conscientemente, a veces a ciegas. Cuando vemos el camino, no nos cuestionamos nada, porque necesitamos creer que ese camino existe y vamos en buena dirección.

Sin embargo, hay momentos en que no sabemos que rumbo tomar. Llegamos a una encrucijada. Nos ataca la ansiedad, nos ponemos nerviosos porque no sabemos qué decidir. Pero... puede que la encrucijada no exista más que en nuestra mente. Si realmente atravesamos la vida campo a través viendo caminos que en realidad no están marcados, ¿que es una encrucijada?

Puede que no sea más que una manera que tiene la vida de decirnos que no sabemos lo que hacemos. Estamos en medio de un mapa, como siempre habíamos hecho yendo en una dirección, pero de repente, no tenemos esa dirección tan clara. Y esto si que es una verdad que muchas veces nos negamos a aceptar: las decisiones solo se toman cuando dudamos. Si tuviéramos las cosas claras, no necesitaríamos decidir. Las respuestas que buscamos son algo curioso. Buscamos desesperadamente algo que nos indique que camino debemos seguir, pero en cambio no nos lo hemos preguntado el resto del camino campo a través. Y una vez encontramos las respuestas, las preguntas nos parecen tontas. Como estar desorientado en un lugar que conoces, luego miras el mapa y piensas "que tonto soy...". Como los acertijos o los jeroglíficos. Una vez sabido su significado, parecen fáciles. Si nos conocemos a nosotros mismos, sabemos a dónde queremos ir y sabremos la dirección.

¿Y si fuera esto lo que hace que en ocasiones la vida parezca fácil y otras difícil? ¿que hace que nos encontremos con esas odiosas encrucijadas? Puede que nuestros miedos. Miedo a perder el camino. Simplemente porque preferimos ir a un lugar feo y desolado pero saber seguro que vamos allí. O pereza, porque es mejor ir a un lugar que sabemos dónde está, que buscar con esfuerzo un lugar mejor pero incierto. También la obstinación: El convencimiento de que la vida es de determinada manera y debe ser así... y nos dedicamos a encajar todo en nuestra manera de ver las cosas. Pero puede que nos equivoquemos y la vida no sea como esperamos, ni siquiera nuestros valores correctos. Y tenemos miedo de perdernos por el camino. O miedo a darnos cuenta que ni siquiera sabemos qué camino buscamos. Incluso llega al extremo de crearnos tapones en nuestra mente, en nuestras emociones: seguimos un camino cuando en el fondo sabemos que las cosas son diferentes, pero evitamos confrontarlo y aceptarlo, para no tener que admitir que un camino que elegimos en el pasado con tantas ganas, no es el camino que realmente nos pide nuestra alma. Porque admitir que nos equivocamos, duele.

Pero no duele si te das cuenta de que no hay caminos. Vamos en una dirección, nos damos cuenta de que no es la que queremos seguir y la cambiamos. ¿dónde está el error? No, no existe. El terreno cambia. La gente cambia. La vida cambia. No existen las equivocaciones, sino los cambios. Una equivocación es negativa, implica que no hemos aprendido nada. Un cambio es algo positivo. Una equivocación implica que hay un camino correcto... y eso no existe.
Y no es tan difícil. Vemos caminos donde no los hay. Vemos encrucijadas donde no existen. La vida es campo a través, y hagamos lo que hagamos, nosotros estamos allí, en ese punto, en el aquí y ahora. Podemos ir donde nos plazca, sin miedo. Hagamos lo que hagamos es lo correcto, porque el punto de referencia lo marca uno mismo. Y porque de perderse, se aprende.

¿Y por qué tenemos que decidir a dónde ir en una encrucijada? No hay por qué. si estamos en una, es precisamente porque no sabemos que camino tomar. Paciencia. Sigamos recto. O paremos. No hay caminos. Siempre podemos girar cuando nos plazca. Cuando conozcamos suficiente el terreno donde pisamos, cuando nos escuchemos a nosotros mismos, no habrá encrucijadas porque sabremos exactamente a dónde ir.

A veces puede parecer que atravesamos un desierto. Otras una selva llena de obstáculos. Depende de cómo lo veamos. Somos un punto en un mapa sin carreteras. Solo tenemos que movernos, la vida nos deja elegir, pero al mismo tiempo nos enseña y nos lleva a donde realmente queremos ir, si la escuchamos. Y entonces vemos un camino, que en realidad solo existe en nuestra mente, pero que nos orienta en medio de la nada hasta donde queramos ir.

¿Existe el camino de baldosas doradas, como en El Mago de Oz? No es más que la manera de ver en ese mapa sin carreteras, el camino que realmente nosotros queremos seguir. No el que creemos que debemos seguir, sino el que realmente queremos seguir. Sólo conociéndonos a nosotros mismos sabremos distinguir entre ambos caminos, y no habrá encrucijadas, porque no habrá dudas.

Dedicado a una serie de personas que esta semana pasada nos hemos encontrado perdidos en encrucijadas, curiosamente todos a la vez. Todo está conectado y la vida tiene sus maneras de mostrarlo. El camino de baldosas doradas está esperando ser encontrado, pero para eso hay que encontrarse a uno mismo en ese mapa.

Y algunos lo tienen bajo los pies. Y no lo ven. Pero para verlo es necesario mirar hacia abajo, cuestionarse la base, bajar la vista hacia los pies, hacia los pilares que aguantan todo el yo, para mirar dónde realmente se apoyan, poder ver las baldosas y caminar, con la seguridad de saber que ese camino no se desmoronará ni nos extraviará.

Caminante no hay camino... se hace camino al andar. Cuánta verdad hay en ese famoso verso.

miércoles 6 de febrero de 2008

Quejas e hipocresía

No deja de ser curioso lo falsa que puede llegar a ser la supuesta solidaridad. Nadie pone en duda que un niño de Ruanda despierta nuestro sentimiento de solidaridad y nuestra condescendencia. Pero cuando no se trata de esas cosas, sino de problemas cercanos, hay una costumbre curiosa en nuestro país: hay gente que al parecer no tiene derecho a quejarse.

En concreto, parece que si en apariencia ganas más que otro o supuestamente tienes una mejor vida que otro, pierdes el derecho a quejarte. El sufrimiento es privilegio de algunos. Lo que de verdad es doloroso es que las cosas no son lo que parecen, y como bien dijo el Teniente Colombo, no es la envidia: es la ignorancia lo que provoca ese comportamiento.

Todo esto viene a la conversación en el blog de la señora mayor, sobre la dura vida de la gente del cine. Vale, es cierto que a nadie le obligan a ser actor o a ser productor. Es algo que tú decides y es un sueño que persigues. Y si te sale mal, te quejas. Pero claro, siempre viene alguien que te dice que no tienes derecho a quejarte porque los teleoperadores o los reponedores de supermercado o los repartidores de pizza están mucho peor. Y a lo mejor es cierto. Pero eso no quita legitimidad a que alguien pueda quejarse de su situación.

Es como el caso de los pilotos, que muchos de los lectores de éste blog conocéis de primera mano. Desde fuera, las huelgas de pilotos son porque ese colectivo son unos cabrones que viven del cuento, follan azafatas y ganan un pastón y quieren más, y encima retrasan los vuelos cuando les va bien. Bendita ignorancia. Un piloto curra un montón de horas, sin el lujo de tener un horario definido. Tiene una responsabilidad legal absolutamente brutal, sobre todo contando con los trapicheos de las compañías para saltarse la normativa y cargar el muerto al piloto si algo falla. El sueldo no es el que la gente cree. Y para ser piloto, tienes que quedarte media vida hipotecado.

¿Se imaginan un teleoperador que deba hipotecar su casa para poder trabajar de teleoperador? no. El teleoperador tiene problemas. Otros problemas, ni más graves ni menos graves, simplemente diferentes. Eso no hace que tenga más o menos derecho a quejarse. 

O como Bajo Ulloa... nadie le obligó, pero hipotecó su casa para acabar una película. De lo contrario no podría trabajar de lo que trabaja. ¿Acaso no tiene derecho a quejarse por ello si quiere?

Hay personas que se arriesgan a perseguir sus sueños, otras no. Ambos son respetables, cada cual toma sus decisiones. Pero no se puede comparar uno con otro. Ni para bien ni para mal. Un repartidor de pizza puede ser que esté puteado y estresado sin saber si cobrará el mes que viene. Pero es que un actor que ha estudiado durante años pagándoselo de su bolsillo, está igual. O un productor. O el dueño de una empresa. Hoy tienes una vida normal, mañana estás en la más absoluta ruina. Es así.

Si fuera cierto que hay quien tiene derecho a quejarse y quien no, los primeros que deberían callar la boca son los que dicen que los pilotos o los directores de cine no tienen derecho a quejarse... simplemente porque su ignorancia les hace creer que ese tipo de gente vive de puta madre simplemente por ser lo que son. Y deberían callar por un motivo: porque siempre podemos encontrar alguien que supuestamente está peor. ¿que me diríais si ahora me pusiera en plan "Los repartidores de pizza que se callen, que son unos quejicas, un niño en ruanda vive con 20 céntimos al día, el sueldo del repartidor es brutal comparado con eso y hasta tienen moto". ¿Ridículo, verdad? ¡Claro que tienen derecho a quejarse!

Alguien que persigue sus sueños, sacrifica muchas cosas por el camino y muchas veces no sabe si mañana podrá cobrar. Quien se limita a tener un trabajo normal, no tiene que correr ese riesgo. Por el contrario, quien tiene un trabajo normal seguramente no se siente realizado en su vida, y el que se arriesga, se siente realizado.

Problemas diferentes, no se pueden comparar.

La desgracia, nos guste o no, es relativa. No existe la verdad absoluta, aunque joda a los que creen que su caso es el peor de todos y que los demás se quejan por quejarse.

Y hablando de relatividad... es posible que ese niño que es apadrinado en Ruanda sea un pobre niño desvalido que no tiene la oportunidad de ir al colegio... o también puede que sea un cabrón que roba a los demás y que desea matar a todos los que no sean de su clan. Eso son cosas que no sabemos. La ignorancia nos hace estar seguros de lo que decimos. La realidad es más incómoda, porque está llena de grietas y zonas grises.

lunes 4 de febrero de 2008

Promoción

Cito textualmente unas palabras de un compañero blogger, Esquizofrénico: (su blog)

"Cuando una película como LA SOLEDAD de Jaime Rosales, nominada este año a la Mejor Película, sólo la han visto 41.404 espectadores y otra como EL ORFANATO, sin embargo, ha sido vista por 4.064.018, ¿no les parece que aquí hay algo que no funciona bien?" (cita de Esquizofrénico)

Esta afirmación me hizo pensar. Pero aún más cuando desde hace unos minutos, ésta película es la ganadora de un goya a la mejor película, junto a muchos otros goyas. También ha sido curioso ver a otro blogger, la Señora Mayor, entregándole el premio al equipo de la película, ahí todo arregladete.

Lo que nos deberíamos preguntar ahora es qué nos falla. ¿La promoción? Las películas como Piratas del Caribe han tenido una promoción descomunal, como ya es habitual en las producciones ajenas. Producciones que como bien apuntaba el Teniente Colombo, vienen en paquetes: si te quedas en tu cine con los piratas del caribe te tienes que quedar con "sanguijuelas asesinas 4: el abismo final" (por eso tenemos en cartelera en los cines esas producciones infumables producto de lo peor de Hollywood).

Otras producciones del país, como los Crímenes de Oxford, tienen una promoción decente (en gran medida por el esfuerzo descomunal de Álex, Elijah, Mariela y unos cuantos más). Y se lo merece por ser un peliculón que vale la pena.

Pero otras, como La Soledad, apenas se han mencionado fuera del mundillo. Y es curioso porque hasta el cartel funciona (no como el aborto de cartel de "inconscientes"). Un cartel tan bueno como los carteles de Isabel Coixet (que hasta las carátulas de los DVDs de Coixet son un puntazo). Pero como apunta Esquizofrénico, algo ha fallado. No se el qué, pero algo no funciona. ¿Una buena película y no se ha destinado presupuesto a promocionarla? ¿es tema de presupuesto? ¿de contactos en TV? Hasta se pasó en Cannes... sin embargo aquí no se enteró ni cristo. Y los críticos gafapastas la hubieran considerado "otro fracaso más del cine español" si no hubiera ganado el goya.

Lo cierto es que tal como apuntaba Álex en su blog, cuando una película española se promociona, arrasa en taquilla. Nunca nos ha ocurrido nada parecido a Éragon o cosas así, de producciones de coste brutal, promoción desorbitada y taquillaje de mierda. Aquí cuando nos mojamos, éxito total. Los Otros, el Orfanato, Los crímenes de Oxford, Salvador, y un largo etcétera. Pero no tenemos término medio. O éxito total o totalmente desapercibidas. ¿es la promoción?

Puede que sea un caso como una película de un buen colega, "Gritos en el Pasillo" de Juanjo Ramirez, que se ha hecho con sudor y esfuerzo de todo su equipo, sin apenas apoyos y muchas cosas en contra, pero la han sacado adelante por su tremendo esfuerzo. No tienen la oportunidad de promocionar como unos piratas del caribe, ni de pagarse unas vallas en las paradas del autobús, ni anuncios en la tele. Es lo que hay. Tenemos talentos en el país. Tenemos ganas. Pero falta gente que crea en nuestro cine y lo promocione. ¿os habéis dado cuenta de que quien critica el cine español NUNCA va a ver al cine una película española?

Los talentos son de aquí. Y podría dar una larga lista de profesionales de aquí que están trabajando en Hollywood. Pero aquí, no tienen oportunidad de demostrar lo que valen. Y los que pueden demostrarlo, como Roque Baños o Kiko, ni se les menciona en las críticas (y por ende, para el público de la calle ni existen). Pues señores, Baños no tiene nada que envidiar a John Williams. Y Kiko es un director de fotografía de los que pasarán a la historia. Pero ni se les menciona en la prensa.

Como ya dije en el blog de la señora, me cambió la vida cuando con dos años de edad, un crucero imperial me pasó por la cabeza en el mítico y derribado hace años Cinerama de Barcelona. Y me volvió a cambiar cuando muchos años más tarde, una nave espacial con brochazos en el casco, pasó por la pantalla y un aguerrido bilbaíno proclamaba, desde su puente, llevar barritas de merluza para Ganímedes. Eso me hizo ver que el cine en España tiene futuro, pero hace falta quien crea en él. Hace falta arriesgarse. Podemos hacer algo más que dramones callejeros, películas de la guerra civil y esas cosas. Aunque eso sí, hacemos unos dramones callejeros y unas películas de la guerra civil de puta madre. Mejor que nadie.

Como ponía en la camiseta de un amigo, con la cara de López-Vazquez serigrafiada: "A POR LAS SUECAS!", que viene a ser algo así como el grito de guerra de "Aúpa el cine Español!". Lo tenemos todo excepto fe en el producto del país.

Y si queréis ver una película diferente, novedosa, fresca y española, no dejéis de visitar la web de "GRITOS EN EL PASILLO" ( http://www.gritosenelpasillo.es ). Una película digna de un goya y hecha con un par de huevos (mejor dicho, de cacahuetes). ¡Un abrazo, Juanjo!

miércoles 23 de enero de 2008

-"Esto no es una película de Álex" - dijo el crítico gafapasta....

Desde el estreno de la última película de Álex de la Iglesia, "Los Crímenes de Oxford", los críticos nos están bombardeando con opiniones de todo tipo. Como de costumbre, críticas absolutamente superficiales llenas de palabrería cuya única finalidad es llegar al cupo de caracteres que marca el editor. Otros como el infumable David Broc, el que trabaja con Alfonso Arús, incluso reinventan la realidad, como su afirmación de que Álex pretendía hacer comedia inglesa y falló. Un buen crítico no deja que la realidad le engañe...

Pero la crítica más divertida y más constante es: "Esto no es una película de Álex". "Esto no es el estilo de Álex". Etc etc.

Pero ¿que significa semejante afirmación? A primera vistaa, parece ser que ahora en lugar de mirar una película y valorar el estilo del director, son los críticos quienes quieren imponer un estilo al propio director. El director no tiene derecho a cambiar o evolucionar.

En apariencia, la historia no es de las habituales del director. Cierto. Es una película de encargo, como el 90% del cine que se hace en el mundo, y como todos los críticos deberían saber. Pero es que se quedan ahí, en la superficie. Si uno mira la película detenidamente, el estilo propio de Álex está en cada fotograma. La manera de narrar, los planos, la luz, etc, aunque para verlo hay que mirar en profundidad y saber qué se está mirando. Pero claro, todos conocemos críticos que regalan a un amigo la entrada al cine, pero luego escriben la crítica de oídas. No, no os escandalicéis... eso existe.  Tan cierto como los periodistas que en las ruedas de prensa se limitan a tirarle los tejos a la pobre Leonor Watling, que aguanta con una maravillosa sonrisa semejantes ordinarieces.

De todas maneras es cierto que sí que cambia ligeramente el estilo. Pero... ¿acaso una persona no puede evolucionar y hacer algo distinto pero con la misma esencia? ¿Acaso debería aparecer en los crímenes de Oxford un cura con escopeta y un heavy "volao" para que sea "estilo Álex de la Iglesia"? Por dios... el espectador que se compra las palomitas y ve la película puede pensar lo que quiera, pero un crítico que tiene la responsabilidad de informar, debería ser más profundo y cuidadoso con las animaladas que dice.

Cambia el género. Cambia algo el estilo. La esencia es la misma. ¿Acaso la Comunidad no iba sobre la mezquindad y la mentira?¿Y acción mutante no hablaba sobre la superficialidad y la hipocresía?¿y muertos de risa? ¿Y 800 balas? ¿Perdita Durango? Oh oh, orgasmo crítico... dios mío, hay un patrón! Pues sí, y no se necesita a Seldom para verlo. Es el Álex de siempre, con otro género y otro envoltorio... evolucionado. Pero la misma esencia.

Ah, y además... quien marca el estilo del director... es el propio director. Así que desde el punto de vista conceptual, decir que una película de Álex de la Iglesia no parece de Álex de la Iglesia, es poco menos que absurdo.

Otra cosa que me ha molestado de la prensa en general es lo que comentaba hace unas líneas: ir a las ruedas de prensa para a) preguntar chorradas como "eeeey, que tal la escena de sexo" y b) tirarle los tejos a Leonor.

Lo de la escena de sexo, pase porque es algo que los lectores quieren saber. Pero en la rueda de prensa de Barcelona, un periodista preguntó a Elijah: "Leonor es tan guapa de cerca como de lejos"... lógicamente Elijah dijo "¿Que pregunta es esa?" y acto seguido el periodista comienza a tirarle los tejos a Leonor...

Sinceramente, tener delante a Leonor Watling y decirle con cara de salido que está buena, es patético. Leonor irradia una personalidad increíble, y sólo hay que tenerla delante diez segundos para darse cuenta de es mucho más que una cara bonita. Si alguien tiene delante a Leonor y solo se fija en las domingas, debería donar el cerebro para que lo aproveche otro, porque mucho uso no le da (la función del cerebro le pasa a otra parte del cuerpo).

Pero en definitiva volviendo al tema de esta entrada, una película de Álex es de Álex y lleva su estilo por huevos. Punto pelota... lleva su estilo porque la hizo él.

Y por cierto... peliculón. No os lo perdáis. Es diferente. Y no, no se parece al Código DaVinci, como dijo otro crítico por ahí (crítico que seguramente se "olvidó" de escuchar los diálogos...).

domingo 20 de enero de 2008

Renacimiento?


Un nuevo comienzo, un nuevo blog. Lo cierto es que muchas cosas han cambiado desde que abrí mi antiguo blog. Antes lo que buscaba era dar salida a lo que pensaba. Lo que todos hacemos, consciente o inconscientemente: intentar ser uno mismo. Buscarse.

El caso es que cuando te encuentras, ves la de burradas anteriores que has dicho, así que, nada mejor que plantearse un nuevo comienzo. En lugar de barrer la casa, mudarse. ¿por qué? Pues porque sería injusto modificar el anterior... desde luego ese era otro, pero... en ese momento es lo que había. Y como hacía referencia el personaje de Keating en El Club de los Poetas Muertos, la esencia es la que sale en el momento de escribir, y modificarlo después es algo que no debería hacerse. Así que por ahí queda.

El Club de Amigos de la Tierra Plana es un nombre que algunos de mis amigos recordarán... éramos el grupillo de la facultad de física. ¿Por que? Fácil... por dos cosas: por llevar la contraria a las hipótesis que se presentan como dogma (muy habitual en la física) y que tocan enormemente las pelotas, y porque tal como dice el personaje de Seldom en Los Crímenes de Oxford, no se puede conocer la verdad absoluta. ¿que la tierra es redonda? Ya, pero... ¿Y si no? Vamos, como si comparamos la Iglesia del Monstruo de Espaghettis Volador con la Iglesia Católica... ambas usan exactamente los mismos razonamientos y las mismas pruebas para decir que son la verdadera fe y las demás no (y si no conocéis la Iglesia del Monstruo de Espaghettis Volador, buscad en el google, merece la pena).

Así pues, cortemos la cinta para inagurar esto.

... no, que me recuerda a las obras del AVE... mejor que suba el telón.

Y un abrazo a todos los blasfemadores, desde Colombo, Jas, etc etc etc (si os nombro a todos me dan las tres de la mañana) hasta la mismísima Señora Mayor, que tenéis mucho que ver con todo este cambio. Gracias por estar ahí y por ser como sois.